El arte
pictórico está considerado como una escuela del pensamiento, ya que su
existencia es la implantación de la idea, la forma, el color y abstracción que
de la obra se obtiene como proceso del pensamiento. Al contemplar la obra
artística de la ecuatoriana Blanca Vásquez Cisneros podemos definir como un manifiesto
espiritual, donde está expuesta la
capacidad expresiva de la artista y la sensibilidad que transmite al que contempla.
Su obra tiene la
capacidad de manifestar que cada color tiene diferentes propiedades, como color
y como mensaje, con infinitas posibilidades de experiencias expresivas. El
color va tomando posesión de la artista hasta llegar hacer uno para fusionarse
en luz vibrante y en armonía irresistible
donde la artista habla sin decir una
palabra.
Estos diversos
idiomas estéticos que la artista dispone de un modo aparentemente caótico sigue
un dictado intuitivo, donde las formas y colores revelan la existencia de un
universo espiritual rico y complejo que al espectador lo lleva a planos de su
existencia objetiva, donde el efecto físico del color suscita una vibración
anímica, y ésta, a su vez, permite la asociación con otros sentidos. Aquí se
produce la alquimia donde la filosofía del color es un medio para ejercer una
influencia directa sobre el alma.
En este idioma
estético relacionamos el alma con un piano con muchas cuerdas. Blanca Vásquez son los dedos de esa mano que presiona las
teclas y hace vibrar adecuadamente la sensibilidad humana, como ese sonido interior
de la emoción espiritual que suscita los recursos cromáticos de una existencia
eventual de la forma y el color en el que se
apoya su pintura y que nos hace
sentir la euforia del arte como fuente inagotable de pensamiento y creación.
Allí es donde se vislumbra el encuentro con el laborioso talento de quien conoce su oficio,
al mismo tiempo que es evidente su mayor libertad de creación. En la obra de
esta artista ecuatoriana permite que las formas respiren, que los espacios den
lugar a que el ondulante aire de colores nos acaricia y transmita una fiesta de formas y composiciones en la parcela del
lienzo, gracias al cual podemos concluir con una catarsis estética.
Con esa
sensibilidad la artista pinta al cuerpo humano, no como un ente aislado, sino
como protagonista; que desde el lienzo
se comunica con el mundo, creando un lenguaje propio y único en cada obra.
Quizá nos acercamos al misterio del arte.
En este misterio
del arte Blanca Vásquez prioriza la estética de la plasticidad del movimiento
que todo desnudo presenta, ya que como representación del ser vivo, el cuerpo
humano debe expresar ese movimiento, y ser tan natural que apenas se note. La
postura elegida en el modelo es clave para que la obra sea atrayente. La línea
que la artista brinda en sus trazos sigue
la forma del cuerpo es algo así como el ritmo, la música interna de la pintura.
Por último, al
analizar en su obra la luz y el color en su sabia distribución en su pintura nos hace viajar por cada obra con placer;
extrayendo toda la belleza a la materia. A veces, he llegado a pensar si la luz
es la esencia de la pintura, ya que en ella hay algo intangible, que maravilla
y cautiva. Pero el arte es algo tan complejo que no puede
reducirse a un solo elemento.

